VIDA ESPIRITUAL SALUDABLE … mantener una vida más sana y más espiritual

“Si dominamos nuestra mente, vendrá la felicidad”.

Dalai Lama

Se ha comprobado científicamente a través de numerosos estudios que las personas que viven una vida espiritual o religiosa activa o intensa enferman menos, se recuperan antes y se enfrentan con menos estrés a situaciones críticas. La felicidad, la paz mental, la fé, el perdón…son elementos de una vida espiritual que promueven la sanación.

Muchas religiones abogan por estilos de vida saludables. Por un lado, ciertas religiones desaconsejan algunos alimentos, drogas, alcohol, etc. animando a cuidar el estado físico. Por otro lado, a nivel emocional la pertenencia a una comunidad espiritual contribuye a un bienestar emocional. A nivel físico y psicológico, se ha comprobado a su vez que tanto la meditación, la oración u otro tipo de práctica espiritual influyen en nuestra salud y promueven un estado de relajación tanto física como psicológica.

Ciertas religiones inducen a la práctica del perdón, de la compasión o del desapego eliminando odios y resentimientos, es decir, promueven una actitud personal hacia la paz, a evitar conflictos, a aceptar lo que somos y cómo somos, reduciendo el estrés emocional y fortaleciendo nuestro sistema inmunológico, y ese bienestar beneficia indudablemente nuestra salud. Los conceptos de fe, esperanza y optimismo de ciertas religiones o pensamientos filosóficos que trabajan el autoconocimiento y analizan tanto sus hábitos como su actitud ante la vida introducen cambios preventivos o curativos para mejorar su situación.

Existe un principio que no es ni físico, ni emocional ni mental que influye en la sanación y el bienestar de la persona y que tiene que ver con actitudes espirituales donde la oración, la intención o voluntad curativa es eficaz al margen del cuidado personal o de la llamada “vida sana”. Sabemos que ciertos estados de conciencia derivados de prácticas espirituales como la meditación relaja barreras internas dando lugar a un flujo de energías que aceleran la autosanación.

El sentimiento de amor que potencia la práctica espiritual, así como la valoración y apreciación de lo que tenemos refuerza la confianza y activa las energías. El agradecer o la práctica de “dar las gracias” por lo que tenemos, sea lo que sea, por el simple hecho de vivir, nos encamina a la felicidad. Desde el budismo se nos habla también del “desapego”, la felicidad sin ataduras, que nos lleva a una sensación liberadora de malos pensamientos, acciones y que da lugar a un mayo control sobre nuestra vida.

“Nunca se puede obtener la paz en el mundo exterior hasta que no estemos en paz con nosotros mismos”

Dalai Lama

Lograr esa paz interior no es un trabajo fácil. Practicar la espiritualidad conlleva cambiar ciertos hábitos que nos encaminen a una vida más sana y plena. Como hemos comentado, ciertas religiones ya nos hablan del cuidado del cuerpo alimentación, descanso, etc. y de las emociones, el amor, el perdón, etc. El autoconocimiento y la elevación de nuestra vibración se pueden trabajar de diferentes formas.

  • La meditación. Los beneficios se dan a todos los niveles físico, mental, emocional y espiritual. Reflexionar acerca de nuestra mente, las metas que nos marcamos, lo que nos vale en nuestra vida y lo que no…
  • Aprender a manejar la energía vital. Equilibrando y armonizando los chakras.
  • Aprovecha los beneficios de terapias alternativas como la aromaterapia, sonoterapia, reiki, gemas…
  • Limpia y purifica tu cuerpo, mente y hogar a través de terapias y propiedades de ciertas plantas.
  • Usa tu intuición. A mayor vibración mayor es nuestra comprensión de la realidad. Y para ello puedes utilizar las herramientas que intuitivamente necesites desde la oración a los ángeles, a un retiro, como a la canalización por medio de cartas, numerología, etc.
  • Todo aquello que eleve nuestra vibración y nos permita autoconocernos será beneficioso

“El potencial humano es el mismo para todos. Si sientes que no vales, te equivocas. Todos tenemos el poder de saber qué nos falta y la voluntad para cambiarlo. Tú eres tu propio maestro.”

Dalai Lama

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